jueves, 9 de junio de 2016

Mujeres Sexualmente Sanas

A través de la comunicación y el aprendizaje social, se han moldeado creencias, valores, actitudes y conductas sexuales, como fuente de gratificaciones y bienestar o como caldo de cultivo de insatisfacciones y disfunciones.

La identidad de las mujeres, en las dimensiones: personal, sexual y de género, desde la infancia, con auge en la adolescencia y a lo largo de la vida adulta, se ha visto conformada por la internalización de normas que han dado conceptualización a su singularidad, sentido de pertenencia colectiva y guía de comportamiento en las relaciones de pareja, familia y sociedad.


Tal construcción psicosocial de género, de la significación del sentir como mujer, de la imagen y del concepto de sí mismas, ha estado gobernada por un sistema dicotómico que ha impuesto mandatos del “deber hacer y ser”. Dicho sistema, ha marcado la pauta para aceptar y premiar, o rechazar y castigar, en función del grado de apego/desapego al modelo sexista “tradicional”. Así, mujeres y hombres en general, han asumido las diferencias como desigualdad y han normalizado la polaridad: masculino = dominancia/fuerza, sobre femenino = sumisión/debilidad.



A partir de este aprendizaje sexual, diversos estudios encuentran que la expresión sexual de las mujeres ha estado centrada en el desarrollo y el mantenimiento de una identidad femenina basada en la complementación al sexo opuesto, en la complacencia del otro, en la erotización al extremo de la cosificación de su ser, como medio para la obtención de reconocimiento y amor.

En este sentido, desde la dicotomía impuesta hasta la identidad internalizada, se entienden claramente los pilares de la vinculación hombre-mujer, masculino-femenina, lastimosamente teñida por la vulneración y el abuso, con impacto altamente negativo para la salud sexual-reproductiva y para la salud mental tanto de mujeres como de hombres.

Las mujeres, han tenido que sobreponerse de las represiones y exigencias recibidas por la doble moral sexual sociocultural, de permitir y potenciar la naturaleza sexual de los chicos y al mismo tiempo de prohibir y castigar la de las chicas. Castigo que deriva en ellas, en pobre percepción de poder y dominio sobre sus cuerpos y sus derechos, interfiriendo con la autoprotección de infecciones de transmisión sexual (ITS), y con la planificación familiar.

Las mujeres han tenido que superar una autoestima fragilizada, producto de experiencias sexuales relacionadas más veces con sentido de malestar que de bienestar y más veces con críticas destructivas que constructivas.
Un avance para la futura salud sexual de las mujeres, es el progresivo empoderamiento psicosexual con el cual, por una parte se reducen las barreras de una identidad socio-sexual cargada de imperativos sexistas que sostienen creencias sexuales erradas y actitudes sexuales negativas, y por otra parte se afrontan las distorsiones de una identidad psico-sexual conformada por cogniciones de vergüenza y culpa, mediadoras de emociones aflictivas de temor y tristeza.

Gracias a este empoderamiento psicosexual, durante los últimos años las mujeres han venido fortaleciendo el reconocimiento de sus derechos sexuales y su potencialidad para el placer sexual.
Cada vez a edades más tempranas, las jóvenes se están procurando recursos externos como apoyo profesional, lecturas sexoeducativas y explorar con juguetes sexuales, para aprender por sí mismas a disfrutar más.

Sin embargo, todavía falta ver esta apertura en el colectivo de mujeres menos jóvenes, quienes aún apegadas a guiones sexuales cargados de prejuicios, ven limitado su bienestar sexual: “las mujeres decentes no hablan de sexo.... no tienen relaciones premaritales”..., “las mujeres de un solo hombre no se confunden sentimentalmente con otros”..., “el débito conyugal asegura el éxito matrimonial”..., “las mujeres siempre deben complacer en todo lo que pida su marido en la cama o de lo contrario éste será infiel”..., “cuando una mujer dice no, en realidad quiere decir si”..., “las mujeres tienen menos necesidades sexuales que los hombres”..., “si se visten provocativas es porque están pidiendo que se le haga...”.
Erradicar la huella machista, posibilitará la reconstrucción de una autoimagen femenina libre de complejos relacionados con la “tiranía de la delgadez” y con la “voluptuosidad de las mamas y los glúteos”. Asimismo, repercutirá en una actividad sexual libre de disfunciones sexuales femeninas.

No olviden que:
Las mujeres sexualmente saludables, se otorgan permiso para gustarse y amarse en todas sus partes, para alinearse con las sensaciones y el lenguaje de su cuerpo, conectándose con sus deseos y sus posibilidades autoeróticas, sintiendo más, juzgándose menos y entrando en sintonía mutuamente nutritiva con la pareja. Esto puede fomentarse y dominarse con asesoramiento sexual personal o grupal y/o psicoterapia y sexoterapia cualificadas.

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